Hombre recogiendo frutos en un bosque.
La FAO estima que un tercio de los alimentos que se producen en el mundo (1.300 toneladas) se pierde o se desperdicia. Foto: James Morgan/PNUD Guatemala

Una de las primeras lecciones que aprendimos de niños fue a no tirar la comida. Venimos de una historia en familia desde un lugar humilde. Las memorias de nuestra infancia saben de inmigración, pobreza y discriminación. El bar de nuestros padres ha sido una lección de generosidad, hospitalidad y solidaridad. Los guisos y platos que no se servían en el menú del día, salían por la puerta de atrás en las manos generosas de nuestra madre, muy discretamente, para los vecinos del barrio que no podían pagarse el menú. Hoy seguimos manteniendo estos valores, y expandimos nuestra mirada hacia la sostenibilidad. En la reducción del desperdicio de comida vemos una posibilidad para paliar la hambruna. Y no sólo eso, somos conscientes del impacto que supone actuar sobre el desperdicio para la conservación del planeta y en la lucha por la seguridad alimentaria.

La FAO estima que un tercio de los alimentos que se producen en el mundo (1.300 toneladas) se pierde o se desperdicia. En países desarrollados como España —que desperdicia unos 7,7 millones de toneladas de comida al año—, los alimentos desechados por los hogares, las industrias distribuidoras y el sector de la restauración liberan grandes cantidades de gases de efecto invernadero. En los países en desarrollo, las plagas, las estructuras de almacenamiento defectuosas y las cadenas de suministro ineficientes contribuyen en gran medida a las pérdidas de alimentos.

Esta realidad es especialmente dolorosa en una época en la que casi 800 millones de personas pasan hambre y representa una pérdida de mano de obra, agua, energía, tierra y otros bienes utilizados en la producción de alimentos. Si fuéramos capaces de salvar tan solo una cuarta parte de la comida que actualmente se desperdicia en todo el mundo, sería suficiente para alimentar a todas las personas que sufren de inseguridad alimentaria, sin dejar a nadie atrás.

España desperdicia unos 7,7 millones de toneladas de comida al año

Como parte de nuestro compromiso como embajadores de Buena Voluntad de la ONU, nos hemos involucrado en el proyecto Food Africa del Fondo de Naciones Unidas para los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Fondo ODS), que está tratando de mejorar la vida de los habitantes de Kaduna, una región agrícola en el noroeste de Nigeria. En Kaduna, la producción de tomates y otras hortalizas es vital para alimentar a la población, así como para la generación de empleo e ingresos económicos. Lamentablemente, la falta de instalaciones adecuadas para su almacenaje y la limitada información sobre los mercados terminan traduciéndose en pérdidas del 70% de las cosechas cada año.

Junto a varias agencias especializadas de Naciones Unidas (la Organización Mundial de Alimentos, la Organización Mundial del Trabajo y el Centro Internacional de Comercio), el Gobierno regional, empresarios locales y cooperativas de agricultores, estamos trabajando para introducir buenas prácticas sostenibles en la cadena de valor del tomate, reducir las pérdidas de los cultivos e impulsar los beneficios de los pequeños propietarios agrícolas. Gracias a la contribución inicial de España al Fondo ODS, el programa construirá una instalación de procesamiento que servirá también como centro de excelencia para incrementar los beneficios de los agricultores y reducir las pérdidas de las cosechas. El centro, además, proporcionará formación relacionada con la seguridad alimentaria, el planeamiento de nuevos negocios y la diversificación de la producción.

SDG Fund - Programa Conjunto
Los hermanos Roca participan en el proyecto Food Africa, del Fondo ODS, para ayudar a una región agrícola en el noroeste de Nigeria. Foto: Freya Morales/PNUD

Precisamente, este mismo mes hemos comenzado con los primeros cursos de formación con medio centenar de hombres y mujeres jóvenes agricultores. Con ellos estamos compartiendo técnicas de conservación, preparación y distribución sostenibles para sus producciones de tomate. Además de esta formación práctica y supervisión técnica, estamos explorando también nuevos canales, mercados y consumidores para dirigir parte de la producción local de tomates y darle una salida internacional.

Asimismo, coincidiendo hoy con el Día Mundial de la Alimentación, tendremos el placer de anunciar través de las redes sociales a los ganadores del primer concurso global de cocina sostenible #RecetasdeCambio que lanzamos hace un año. Durante seis meses fuimos proponiendo diferentes retos de cocina sostenible para que los participantes las resolvieran a través Facebook, Twitter, YouTube o Instagram a partir de sus propias recetas originales. El resultado ha sido magnífico: hemos recibido más de 2.000 recetas desde todos los rincones del mundo. Y hemos descubierto que hay muchísimas personas comprometidas con la sostenibilidad y la nutrición que, además, son muy creativas en la cocina.

En definitiva, defendemos que alcanzar los objetivos de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible relativos a la lucha contra el hambre y para la seguridad alimentaria es una responsabilidad de todos. Los gobiernos y organismos internacionales deben contribuir a reducir al mínimo las pérdidas que se producen durante el almacenamiento y el transporte y disminuir el desperdicio de alimentos de distribuidores y consumidores; aumentar las opciones de los consumidores por medio de un etiquetado apropiado; alentar el compromiso de productores, minoristas y consumidores en todos los países; y lograr avances gracias a nuevos incentivos financieros, promesas colectivas, tecnologías adaptadas a las necesidades locales y cambios en el comportamiento del consumo.

Podemos comprar fruta fea, que es igual de sabrosa, y evitar que termine en la basura de los supermercados

Pero también, todos nosotros, desde nuestros hogares, podemos lograr cambios muy significativos introduciendo pequeñas acciones cotidianas a la hora de elegir y cocinar nuestros alimentos. Por ejemplo, podemos comprar fruta fea, que es igual de sabrosa y tiene las mismas propiedades, y evitar que termine en el contenedor de la basura de los supermercados. Es muy recomendable también planificar las comidas de la semana y hacer una lista de la compra detallada; nos evitará las compras compulsivas en el supermercado con productos que no necesitamos y que solo servirían para gastar más dinero y generar más desperdicios. Si a esto le sumamos el buen uso de todos los productos disponibles en nuestra cocina a través de recetas creativas y saludables, entre todos estaremos aportando los ingredientes necesarios para reducir el desecho de alimentos en el mundo y acercarnos un poco más al objetivo de erradicar el hambre. Es, sin duda, una gran receta.

*Artículo publicado originalmente en Planeta Futuro.

 

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